Porque ya no se puede soñar

La noche eterniza el momento en que recuerdas, incuba rostros y figuras que, al amanecer, quebrarán la realidad que te rodea.

La cotidianeidad nos corrompe y el único modo de salir de ella es trabajar por recordar; nunca olvidar el pasado para pisar firme en el presente, concientizar que estamos en un sitio prestado y que respiramos aire contaminado, ajeno, construir el futuro basados en el segundo que se aproxima, amenazante.

Tarea ardua abrazar al desencanto, volverlo parte de tu vida y, cuando haya perdido su utilidad, desecharlo, borrar con un paño las huellas digitales que se hallan plasmadas en la piel, en la tinta, en el papel que, nunca olvidarán un rostro sonriente, firme, pleno.

jueves, 6 de diciembre de 2007

El valiente

El valiente

“De nuevo busqué ser el protagonista, el bueno que se culpa, el malo que ofrece perdón, en cualquier caso, de nuevo el ridículo, el tipo bravo que comienza la pelea y, al final, se tira hacia atrás.

Nunca te entendí, siempre hiciste lo contrario a lo que esperaba de ti, si pensaba hacerte bien sólo te lastimaba, si quería ofenderte te halagaba; esta ocasión que estaba preparado para ambos lados de la moneda, la historia terminó jugandose con dados. Ahora estoy perdido en la incertidumbre, no sé para donde girará el mundo al amanecer, has vuelto, por un fugaz instante, a mi vida, y lo único que pude hacer fue acobardarme, cerrar lo ojos y esperar que, lo que fuese que viniera, acabara bien.

El resto es historia, el resto es nada, el resto es el mundo estático de siempre, tú allá, yo acá, en medio un océano de personas, perros, edificios, puestos de quesadillas, vinatas, amigos, enemigos, en medio un sin fin de obstáculos, sobre todo la indiferencia… ahora, ya situado en la historia, me doy cuenta que mi cobardía reside no en el miedo a que pase algo, reside en el miedo a que pase.

Por lo demás (y por los demás) yo no pertenezco a este mundo, soy de otro lugar, mejor, peor, diferente pues, y en un segundo decidiré partir, sólo porque sí, sólo porque aquí no hay nada más que hacer, y lo que hay que hacer no lo puedo hacer sin ti… aunque tampoco contigo.”

El día se terminó para aquella sombra ahora tendida en la costa plutoniana de la noche, una ribiera sin salida, sin entrada, estática y firme. Desde mi ventana sólo pude observar cómo el gato lloraba y pedía perdón a la luna.








3 comentarios:

Fantasía dijo...

Creo que a muchos nos sucede lo que describes en tu entrada. En cierto modo, todos somos valientes al levantarnos cada mañana, dispuestos a enfrentar aquello que la vida nos depara.

Gracias por pasar por mi blog :o)

wenperla dijo...

¿Y no das tu nombre ni nada? Parece ser que todavía estudias. Pues tienes muchísimo talento, y toda la parafernalia con la que está caracterizado tu blog es muy original.
Aunque no sepa tu nombre ni nada de ti, te mando un abrazo y una felicitación.
Suerte matador.

Mariana :) dijo...

¡Sabina!
Muy bueno...