Porque ya no se puede soñar

La noche eterniza el momento en que recuerdas, incuba rostros y figuras que, al amanecer, quebrarán la realidad que te rodea.

La cotidianeidad nos corrompe y el único modo de salir de ella es trabajar por recordar; nunca olvidar el pasado para pisar firme en el presente, concientizar que estamos en un sitio prestado y que respiramos aire contaminado, ajeno, construir el futuro basados en el segundo que se aproxima, amenazante.

Tarea ardua abrazar al desencanto, volverlo parte de tu vida y, cuando haya perdido su utilidad, desecharlo, borrar con un paño las huellas digitales que se hallan plasmadas en la piel, en la tinta, en el papel que, nunca olvidarán un rostro sonriente, firme, pleno.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Por no dejar

Los humanos somos entes cíclicos que siempre estamos en espera de ese momento que permita fragmentar la realidad para comenzar a ser otros... ese momento llegó, un año comienza y la gente se abalanza sobre los deseos de bien, sobre los presagios amorosos y de salud; pero en las sombras, escondidos tras las cortinas brillantes, los ojos del mal nos observan, nos producen esa pequeña cosquilla de incertidumbre y ansiedad, ese "no sé qué" que no nos deja dormir bien en este nuevo inicio de ciclio, pero ahí están, dormirán junto a nosotros, y cuando a todos los ridículos cursis se les olviden las promesas hechas, serán atacados por los ojos detrás del cristal, volverán a formar parte de su manto nebuloso que nos consume día con día.

1 comentario:

Sibila_S dijo...

Las palabras de tu post evocaron en mí los ojos amarillos de "La nada" en la película de Historia sin Fin. [Aunque puede ser que confunda el recuerdo y en verdad no sean esos ojos]

No sé. Este año me ha dejado una enseñanza: hay cambios que no surgen con una fecha, de un día a otro. Es cierto que hay circunstancias que producen un movimiento interno, pero creo un poco que los cambios se dan en el día a día, y no requieren necesariamente de "fechas".

No obstante, el ser humano, como dices, es un ente cíclico. Y simbólico. Necesita de estos símbolos para reafirmar, para creer, para construir.

Ahora pienso que esos ojos -esos ojos que también presiento- pueden estar detrás de la cortina, pero, más bien, parpadean dentro de nosotros...

[y de un instante a otro ya es dos de enero...]