Porque ya no se puede soñar

La noche eterniza el momento en que recuerdas, incuba rostros y figuras que, al amanecer, quebrarán la realidad que te rodea.

La cotidianeidad nos corrompe y el único modo de salir de ella es trabajar por recordar; nunca olvidar el pasado para pisar firme en el presente, concientizar que estamos en un sitio prestado y que respiramos aire contaminado, ajeno, construir el futuro basados en el segundo que se aproxima, amenazante.

Tarea ardua abrazar al desencanto, volverlo parte de tu vida y, cuando haya perdido su utilidad, desecharlo, borrar con un paño las huellas digitales que se hallan plasmadas en la piel, en la tinta, en el papel que, nunca olvidarán un rostro sonriente, firme, pleno.

jueves, 22 de enero de 2009

Un cuento para antes de dormir

Estaba un día Cenicienta, fregando los pisos, lavando los trastes, cocinando, y cayó rendida al piso de cansancio. Entonces, apareció un ratón ¡que hablaba! y comenzó a decirle a Cenicienta:

-Niña, tranquila, todo esto terminará. Pronto, muy pronto habrá un baile en el castillo, un hada madrina aparecerá y te colmará de ropajes hermosos y una carroza, entonces podrás ir al baile; ahí te enamorarás de un hermoso príncipe que se enamorará a la vez de ti. Te buscará por todo el reino y al final se casarán y será felices "por siempre".

Entonces Cenicienta observó al ratón de arriba abajo y con la voz más esperanzadora que tenía dijo:

-Ay ratoncito, eres tan lindo, pero te recuerdo, pendejo, que eso pasó hace diez años.


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Y sí, esa es parte de "felices por siempre"

1 comentario:

Mariana :) dijo...

¡Genial!
¿quién dijo que las segundas partes eran malas?

Muchos saludos... ;)