Porque ya no se puede soñar

La noche eterniza el momento en que recuerdas, incuba rostros y figuras que, al amanecer, quebrarán la realidad que te rodea.

La cotidianeidad nos corrompe y el único modo de salir de ella es trabajar por recordar; nunca olvidar el pasado para pisar firme en el presente, concientizar que estamos en un sitio prestado y que respiramos aire contaminado, ajeno, construir el futuro basados en el segundo que se aproxima, amenazante.

Tarea ardua abrazar al desencanto, volverlo parte de tu vida y, cuando haya perdido su utilidad, desecharlo, borrar con un paño las huellas digitales que se hallan plasmadas en la piel, en la tinta, en el papel que, nunca olvidarán un rostro sonriente, firme, pleno.

lunes, 3 de marzo de 2008

Aprendiste a llorar, olvidé sonreír

Aprendiste a sonreír
una noche de febrero
de pupilas dilatadas
y un espeso viento gris.
Aprendiste a sonreír
una tarde lluviosa
con café a punto de hervir.
Aprendiste a sonreír
una noche de botellas
y lágrimas de hormigas
de ciudad desconocida
y retorno sin fin.
Aprendiste a sonreír
y olvidé cómo llorar.

Conociste otro planeta,
que no giraba tan veloz,
que no estaba inundado
de veneno ni tristeza,
con futro que ofrecer
y un pasado que olvidar,
conociste un alacran
sin dueño, sin ponzoña,
sin lágrimas, sin hogar,
conociste la manera
de abrazar y destrozar
al animal que inmundo
el planeta llegó rechazar.

Te acostumbraste a no pintar
dos nombres en el cielo
con los dedos y a no bajar
el sol a tu cama ni llevar
a la luna a beber,
abandonaste un beso
y una piedra en el camino
que tenías en el cajón,
abandonaste ese estilo
de matar con la mirada
y revivir con los labios
al atrevido don Juan
que tu falda quiso levantar.

Caíste por el balcón
hasta llegar al final
de una coladera
y no te pude rescatar,
no quise ensuciarme las manos,
que no combinaran con el corazón,
no quise que en mi cama
dejaras pestañas ni uñas ni olor,
ni que en la colcha de cama
se quedaran tus bragas
ni el cigarro con el que quemaste esta canción.

Me recuesto en tu silencio
por la lengua que corte,
tapo mis ojos con los brazos que abrace,
y te mando a la distancia por correo
mi ultima suplica pa`que vuelvas por aquí,
que el señor de los elotes y el taquero
te extrañan también
con tus lindos ojos grises
tan opacos como tú,
que ya no duermen sin tu sonrisa tan maldita
ni tu extraña forma de reír,
que el señor del autobús extraña tu dinero
cuando viajabas a mi hogar
que ahora sin tus piernas es mi casa nada más,
que alguien dijo, no me acuerdo,
que enviudé al verte partir
que en el ruido del derroche
de botellas por tu luz
me enamoré de un cigarrillo
una cigarra y del amanecer,
de un conejo que me lleva
por los bares de mi cuadra
por hoteles de cagada
y por mujeres que no quiero a conocer.

Será que el día en que te fuiste
aprendiste ser fuerte y llorar,
será que aprendiste
que la noche dura
mientras la luna sola
te lleve a pasear,
que esas piedras en la ventana
no son de concreto sino de cristal,
será que el día que te fuiste
aprendiste a correr porque ya daba igual,
que aprendiste a no mirar
pa´tras ni pa´lante
ni recuerdas como dormir
que ese día que te abandone
en la calle tan oscura
con esa luz de día cegadora
aprendiste a llorar y olvidé como sonreír.




2 comentarios:

Nostálgica Anónima dijo...

No me había imaginado esta forma de nombrar la ausencia. "Enviudé al verte partir" ah...quisiera decir "que bella" pero más bien es desastroza, por lo que provoca.

Vaya, definitivamente, en la vida se aprende a llorar...¿Uno olvida también sonreír?

Saludos muchos!

DCG dijo...

..he aprendido a sonreir y a llorar por el mismo motivo, es cuestion de percatarse con cual obtenemos mayor beneficio...Por lo menos eso es lo que nos resta pensar... un beso de humo para vos..