Porque ya no se puede soñar

La noche eterniza el momento en que recuerdas, incuba rostros y figuras que, al amanecer, quebrarán la realidad que te rodea.

La cotidianeidad nos corrompe y el único modo de salir de ella es trabajar por recordar; nunca olvidar el pasado para pisar firme en el presente, concientizar que estamos en un sitio prestado y que respiramos aire contaminado, ajeno, construir el futuro basados en el segundo que se aproxima, amenazante.

Tarea ardua abrazar al desencanto, volverlo parte de tu vida y, cuando haya perdido su utilidad, desecharlo, borrar con un paño las huellas digitales que se hallan plasmadas en la piel, en la tinta, en el papel que, nunca olvidarán un rostro sonriente, firme, pleno.

jueves, 29 de octubre de 2009

Corte miscelaneo de cultura y deportes

Nazis, franceses, norteamericanos y Tarantino, no suena mal.

Bastardos sin gloria, por fin la pude ver antes de que la retiraran de cartelera y bueno, no es la mejor obra de este gran director (o que al menos a mí me encanta) pero vale la pena el boleto de cine. Definitivamente se lleva la pelicula "el malo" que no sé cómo se llama el actor pero representa a Hans Landa, lo que me dejó maravillado es su profunda capacidad actuación y su domonio (al menos en apariencia) de cuatro o cinco idiomas. Brad Pitt tiene su merito, su papel de coronel de agente secreto de E.U. iletrado violento y de Tenesse, es muy bueno.

Si comparamos esta peli con Pulp Fiction o Kill Bill (mis favoritas) pues está muy lejos de ese nivel, pero eso no le quita todos sus méritos. SI les gusta la fórmula WWII+Tarantino véanla, si no les agrada alguna de las 2, se van a salir del cine. Eso sí, por ahí alguien me comentó que lo que le choca de esta movie es que está sobrevalorada, los chavitos salen diciendo que es increíble, está muy bien hecha, que es lo mejor y cosas así... tiene razón, está sobrevalorada, pero no tiene precio el ver cómo al director le importa un pepino la historia y la modifica acorde la necesidad de su película.

Deportes. De la bola caliente y las serpentinas.

Recuerdo que, cuando era pequeño, no entendía nada respecto al beisbol, es más, ni siquiera me interesaba. Un día, sentado en un sillón en la casa de alguna amiga de mi madre, me pusieron T.V. para que no diera lata, recuerdo que dejaron el canal 5, pero terminaron las caricaturas y comenzó un juego extraño donde las palabras "diamante", "película de largometraje", "cuetón" y expresiones de ese talle eran comúnes; la verdad es que dicho juego me cautivó poco a poco, la complejidad de sus reglas fue una gran motivación para observar atentamente mientras trataba de descubrir el misterio, la magia detrás del bat y las caretas.

Pasadas ocho entradas mi concentración de niño ya no me permitía seguir poniendo atención, hasta que pasó algo mágico. Un panameño, parado en "la loma" lanzaba la bola dibujando estelas hermosas, curvas perfectas, rectas "cortadas", sacó al primer bateador y se fue tomar su "chocolate", después parecía que le daban "ponche" a otro, en este festival de bebidas yo estaba cautivado por el hombre moreno, seguro, arrogante, veloz y de silueta perfecta que hacía pasar a bateador tras bateador. Cuando tocó el turno al bat del equipo de mi nuevo ídolo, ocurrió el segundo momento mágico en la noche, un hombre alto, blanco y fuerte, pegaba un batazo que casi sacaba la bola del estadio, según el comentarista, y que hacía que más de treinta mil almas se levantaran, se emocionaran, gritaran y lloraran de emoción. Un trozo de madera y uno de cuero significaban la felicidad de una ciudad entera y la tristeza de otra.

El panameño "salvo" el partido, lo cerró sin permitir más carreras ni hits, entonces, como ganaron, les dieron un anillo y a él le profetizaron un gran futuro como "el mejor relevista de la temporada". Una N y una Y inundaban la pantalla, la leyenda "campeones" acompañaba la leyenda, y un par de años más tarde me enteré que mis nuevos héroes (y los de todo Nueva York) se llamaban Mariano Rivera y Derek Jeter. Ese día nació mi amor por el beisbol, ese día me volví fanático de los Yankees, ese día los vi ganar la serie mundial sin saber lo que era, lo que me cautivó fue la estética en los movimientos de ambos, la emoción que causaron, su porte, su presunción, su concentración.

Algunos años después regreso del trabajo, prendo la televisión y me encuentro con la serie mundial de 2009, donde los Yankees, heridos por un juego, vencen a los Phillis con Derek Jeter en el bat y Mariano Rivera cumpliendo la profecía de hace tantos años, escucho cómo le llaman "El mejor relevista de todos los tiempos", veo de nuevo su silueta, su trazos perfectos, y por alguna extraña razón la piel se me eriza y me siento cómodo a disfrutar el partido.

1 comentario:

.•●Niña.come.helados●•. dijo...

Gracias por tu visita!! y dejame decirte que tu blog me agrado!! saludos!! :)