Porque ya no se puede soñar

La noche eterniza el momento en que recuerdas, incuba rostros y figuras que, al amanecer, quebrarán la realidad que te rodea.

La cotidianeidad nos corrompe y el único modo de salir de ella es trabajar por recordar; nunca olvidar el pasado para pisar firme en el presente, concientizar que estamos en un sitio prestado y que respiramos aire contaminado, ajeno, construir el futuro basados en el segundo que se aproxima, amenazante.

Tarea ardua abrazar al desencanto, volverlo parte de tu vida y, cuando haya perdido su utilidad, desecharlo, borrar con un paño las huellas digitales que se hallan plasmadas en la piel, en la tinta, en el papel que, nunca olvidarán un rostro sonriente, firme, pleno.

viernes, 18 de enero de 2008

Palabras y más

Me enfrento de nuevo a una hoja en blanco, no sé qué decirle, qué hacerle, cómo destruirla, ni siquiera sé exponer la tristeza al redescubrir mi incapacidad de expresión, pensé que, acaso, sería sólo la falta de un poco de combustible que estimulara la mente, un poco de brebaje amargo y caliente que ponga a recitar las neuronas, pero no, no es así de sencillo, para comenzar tendría que ordenar mis ideas, establecer un patrón concreto de abstracción, uno de selección y al final uno de representación, pero la verdad no tengo ánimo para tan elaborado ritual, estoy perdido ante la puerta de Derrida, de Bajtin, de Mandelestav, de Medvedev, de Heidegger, de Todorov, nombres opacos, lejanos, que apenas puedo pronunciar y menos alcanzo a comprender, la mayor tontería es que ni siquiera lo he intentado aún, me he dado por vencido antes del comienzo, supongo pues, será ésta una buena forma del nuevo comienzo.

Estoy harto del romancero de siempre, de las largas hileras de versos que se consumen al tiempo del tabaco, estoy fastidiado de la frente marchita, de que nos sobren los motivos, y más harto aún de utilizar a un viejo y recién exiliado de luto Sabina para mis textos, sea quizá la burla más grande que se le ha hecho al intelecto de un hombre, más que no poder escribir canciones, más que asentir al no entender una sola palabra de lo que se dice, más allá de añorar lo que nunca sucedió.

No quisiera desviarme del tema, mas es necesario, ya no puedo continuar hablando de la incapacidad, galante cortejadora de la prudencia, sería absurdo seguir parloteando acerca de un tema tan conocido y por todos sentido, llevado a lugares comunes –justo como ahora- y explotado hasta el fastidio pero, en cualquier caso si la literatura ha de servir para algo debe ser esto, los humanos necesitamos un punto de fuga que equilibre nuestra razón con nuestras conexiones neuronales que nos llevan a sentir, de cualquier manera desprecio abiertamente los discursos cursiloides que opacan el raciocinio del ser humano apostando por la famosa inspiración y las musas, patéticas representantes de la ocurrencia, es cierto también que he caído un millón de veces en dar por verdaderas todas las premisas que a la “inspiración” se refieren y ejercito mi poca capacidad de resistirme a ello con textos como éste, aunque sé también que es un esfuerzo inútil ya que caeré en el error justo al amanecer. Quiero hacer una breve aclaración, estos discursos ególatras y autónomos (no escribo yo, lo hace mi indiferencia) no pueden ser considerados literatura, es un sencillo ejercicio de la pérdida del tiempo y la inversión del ocio en algo un tanto menos productivo que barrer la alfombra y, para los que han escrito, saben también que un texto no cae del cielo fabricado con citas de portavoces de la cultura mundial, un texto debe ser un instante de incertidumbre, un minuto de reflexión y varias horas de trabajo (varias alargando la a que es la más importante).

Está por detenerse el tiempo que tengo para hacerte perder el tiempo estimado e ingenuo lector, sin embargo pienso que es importante darle forma a las certidumbres, desgastar la aflicción ya que de ella nacen las mejores ideas y prefiero dejar esto por la paz antes de ponerme de mejor humor y escribir una sátira de mí en la que la vida sea feliz aún con sus tristezas y penurias, antes de que esa vieja canción se resignifique y me haga sonreír de nuevo.







"Caminando a su lado todo puede pasar: un señor adormilado puede ser un don Juan dispuestoa enamorar a la güera del pan como princesa"

6 comentarios:

Don Rul dijo...

¡Poca madre! Síguele, carnal. La neta se te da muy bien eso de la escribida. Por acá nos vemos.

RED SHOES GIRL dijo...

OK que miedo dan esas hojas en blanco, estoy totalmente de acuerdo...

Muerto desconocido dijo...

don rul: gracias mano, chido por el aliento, ahora eperemos q nos e agote con el humo y el alcohol. nos vemos por la neurona y bueno ya estas linkeado

rs girl: miedo??? PANICO jajaj pero siempre se les puede vencer, un beso

Mait' dijo...

Dan mas miedo las hojas llenas que no satisfacen. o no?

Muerto desconocido dijo...

Naaaa, la verdad es q las hojas q no satisfacen tienen dos soluciones, exponerlas para que las despedacen o quemarlas y no dejarlas salir a la luz pública, el problema para alguien q tenga talento es q puede creer q sus hojas deben quemarse y q resulten ser una gran obra... pero bueno, ya encontraremos un gran texto sirviendo de hojas d reciclaje

Nostálgica Anónima dijo...

Sí, la literatura debería servir para eso, y "un poco más"

No conocía esa canción. Me gustó mucho. Hay con ella, ciertamente, una tentación muy grande de resignificar las cosas...

Saludos =)