Porque ya no se puede soñar

La noche eterniza el momento en que recuerdas, incuba rostros y figuras que, al amanecer, quebrarán la realidad que te rodea.

La cotidianeidad nos corrompe y el único modo de salir de ella es trabajar por recordar; nunca olvidar el pasado para pisar firme en el presente, concientizar que estamos en un sitio prestado y que respiramos aire contaminado, ajeno, construir el futuro basados en el segundo que se aproxima, amenazante.

Tarea ardua abrazar al desencanto, volverlo parte de tu vida y, cuando haya perdido su utilidad, desecharlo, borrar con un paño las huellas digitales que se hallan plasmadas en la piel, en la tinta, en el papel que, nunca olvidarán un rostro sonriente, firme, pleno.

martes, 4 de septiembre de 2007

¿Por qué el tiempo se ha vuelto un bien material?

Bien, al fin tengo tiempo de escribir una entrada larga, aunque no lo crean me gusta mucho.

La agenda de hoy es la siguiente: la anécdota, unos versos que salieron a pasear y la respuesta a una canción de Silvio.
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Momento ya de regresar a la escuela, ver rostros perdidos por la nostalgia y reencontrarlos, algunos más jóvenes, algunos más viejos, pero la esencia no cambia, zombies atrapados en la prisión de la responsabilidad (aún a medias) o bien, entes extraños que disfrutan el, a veces, martirio institucional.

Los mismos edificios, las mismas personas, los mismos trámites, al parecer lo único que ha cambiado es el ánimo con el que uno se enfrenta a todo esto. Desencanto, desidia, pereza mental, herramientas básicas para sobrevivir en un lugar donde la lucha férrea es el desayuno y la comida –lucha que se libra por lo general al interior-.

De cualquier manera siempre hay una salida, esta vez no es la alegría de ver a los viejos compañeros, tampoco el brioso andar para sonreír a las caras nuevas, mucho menos la esperanza de que es ya el último año -¿a quién le ilusiona hacer tesis y servicio social?- es, en sí, el sencillo de hecho de saber que el mundo se ha acomodado como debe ser y según mi religión, sí, dos días de escuela, cinco de descanso (que bonito suena eso aunque de antemano sabemos que es relativo), pero de cualquier modo anima saber que la tortura sólo durara 8 horas dos veces a la semana. No todo es tan malo, me da gusto –un poco- regresar a ese mundo de intelectuales en el cual me siento tan aparte, es delicioso saber que soy absolutamente distinto a ellos, siempre para adentro. También es bueno saber que ahí no se juzga nada exterior, nada de apariencias, pero siempre estarán listas las filosas lenguas para hacer menciones duras o suaves respecto al comportamiento ¿humano? Académico.

Estos pensamientos se diluyen en alcohol, como siempre, nocturno, le abren paso al recuerdo de días educativos, recuerdan también que es necesario disfrutar las malas experiencias, ser más cuidadosos, establecer límites y respetar – a veces- los ya establecidos… en fin, las reglas se hicieron para romperse.

En esta nube que se posa en las plumas de los cuervos vouyeristas, encuentro un pensamiento que me apendeja (sí, en tono altamente poético), una imagen que no se detiene y que sólo busca arreglar el caos exterior y, sin darse cuenta, provocar uno interno, voltear mi planeta y sacudirlo hasta que algunas monedas y restricciones mentales caigan de él. Mi única defensa -¿me quiero defender?- es otro recuerdo, uno que hace reventar mi cabeza, mi estomago, mis ojos, un pensamiento que cruza océanos, carreteras y cables de luz, sólo para venir a suplicar que lo aleje, no por mi bien, ¿qué más da? Si no por el del barco que navega por aguas desconocidas.

Después de una noche de sueño pasa la tormenta, es hora de limpiar la cubierta y reflexionar acerca de las olas venideras, catorce metros de agua salada que partirán los nervios a la mitad, ahora es importante no correr, la receta es sencilla, tomar la tabla y enfrentar a esas olas que no sabemos si de verdad vendrán, a lo mejor, Poseidón nos guarde, la marea traiga un poco de agua salada, tranquilidad, peces que comer y abandone una flor perdida en el camarote principal.

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Siempre atento a los visitantes de tu guarida,
siempre leal a las noches de tristeza,
eterno romance con la noche,
eterno sueño con el día.

Te has escondido de aquellos que corrompen,
te has mostrado a aquellos que alientan,
te has equivocado igual que yo,
has acertado a llorar la tarde entera.

Llegaste un día de fiesta, hace más de diez años,
saliste de un desierto de madera,
entraste a este mundo con arrugas,
te has hecho viejo conmigo, con ojeras.

Me has vuelto un extraño, un gato nocturno,
me he hecho de ti, del sabor de tu boca,
de tus canas, de tu abrigo, de mi absurdo,
de estrellas, de luna, de venganzas, de tu aroma.

Tigre marino, tigre ancestral, llama eterna,
confidente, amigo, juez, tigre marino, tigre ancestral,
mano y pierna de días olvidados, almohada de pena,
abrazo metálico, lámpara de cueva, tigre nocturno, tigre inmortal.

Mi fin se acerca y sólo observas,
mi fin se aleja y sólo observas,
la vida ha llenado mi alma, la muerte pronto me llevará,
alma inmortal siempre compañera, el día del juicio, sólo observarás.

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Dice un amigo que la revolución terminó, que hay que dejar morir a la trova y darle santa paz, no sé si estoy de acuerdo con él, la verdad es que no soy muy fan, pero hay una canción de Silvio Rodríguez que me despertó cierto interés y que al leerla, bueno, sólo me dieron ganas de contestarle. La canción se llama “Y Mariana” ahí la leen y luego ven esto a ver que les parece.

Y no entiendo que significa ser diferente,
y no conozco lo que es estar conforme,
y me alegra ser un niño con edad,
me contenta ser un perfume sin flor.

Nada tengo y nada quiero en este mundo,
nada que no se llame paz y libertad.
Y de afuera para adentro aseguramos,
y de adentro para fuera muerto estás.

Los muñecos quieren ser papel,
los sueños quieren ser canción.
Dios juega a pretender que pretende,
Mariana no conoce su canción.

Uniformes manchados de sangre con medallas de algodón,
el pan sólo se disfruta si es robado y el sol te abandonó.
El gavilán opaco que custodia el silencio, un permiso concedió,
de mentiras hizo al hombre, de mentiras dulces y de sabor.

Los esclavos se han cegado y ya no quieren trabajar,
entonces se abandonan a la muerte, el llamado mayor a la paz.
Nos hemos vuelto muy sensibles, hemos olvidado al amor,
somos tiranos que se comen el viento, somos todos, un pequeño dictador.

El fuego ha borrado las heridas,
los días son consumidos por el sol,
Dios ha muerto en esta tierra y no revive,
la tinta seca le hizo a Mariana su canción.

Ojalá les guste, nomás al final dejo una frase de una canción, no tiene nada que ver, al menos no para el mundo conocido, siempre la brújula apuntando fuera del mapa.

“…me preguntas si cuando me pierdo te llevo presente, si la duda que abraza este cuerpo profana mi mente, no es tan fácil romper el silencio feroz de la tarde, de lo cotidiano, te quiero tanto, tanto te quiero, que en este abrazo se me acaba el universo”

Mascarita sagrada…perdón, Alejandro Filio.

3 comentarios:

Mariana :) dijo...

Pensaba en algo en no se qué, llegaste tu,
para alumbrar la media noche con tu luz,
para pintar el mundo entero,
cada espacio en tono azul,
te quiero tanto,
tanto te quiero, que en este abrazo se me acaba el universo...

Gabriela Velázquez dijo...

Gracias, Monster.
Es una graaaaaannnnnn rola, y un graaannnnn consejo.

Beso

Daniela... dijo...

si el camino del recuedo, del regreso y de lo sueños sin muchas preguntas, pero con la fiel esperanza de regresar al lugar de los sucesos, de los mil momentos de la vida de todo... quizá esa no sea la universidad pero me agrada regresar aunque sea para ver los mismos rostros y pelear por los mismos dichos.... esperemos en esencia y vivamos en sustancia.... mi mau...
besos!!!