Porque ya no se puede soñar

La noche eterniza el momento en que recuerdas, incuba rostros y figuras que, al amanecer, quebrarán la realidad que te rodea.

La cotidianeidad nos corrompe y el único modo de salir de ella es trabajar por recordar; nunca olvidar el pasado para pisar firme en el presente, concientizar que estamos en un sitio prestado y que respiramos aire contaminado, ajeno, construir el futuro basados en el segundo que se aproxima, amenazante.

Tarea ardua abrazar al desencanto, volverlo parte de tu vida y, cuando haya perdido su utilidad, desecharlo, borrar con un paño las huellas digitales que se hallan plasmadas en la piel, en la tinta, en el papel que, nunca olvidarán un rostro sonriente, firme, pleno.

domingo, 30 de agosto de 2009

Quien escribe

Hay gente que tiene la maravillosa capacidad de describir con palabras un número infinito de sentimientos, acciones, pensamientos o lo que sea; otros, como yo, no podemos más que derramar lágrimas y risas ante las maravillas y tragedias que ofrece el mundo.

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Porque callar es morir

Quería hablar contigo, que me aconsejaras y me escucharas, que sepas que te necesito. Quería, no sé, que nos pudieramos sentar a criticar a la familia, a contarnos chistes idiotas, a observarnos y crearnos. Quería platicarte del trabajo, de cómo se me dificulta iniciar ciclos, periodos, lo que sea, claro, porque ya sabes que cuando me encarrero en algo es difícil que lo deje; pero esto no, es un buen reto y una maravillosa oportunidad de aprender cosas nuevas. Aunque también quería que supieras que no estoy a gusto, que odio mi vida sin ti, que no soporto llegar a casa en el silencioso umbral del tedio y que mis manos se han cansado de escribir, de cocinar, de ser felices, mis manos, mis tristes manos que hace meses no tocas.

Una estela de tristeza se queda en el concreto cada vez que voy al supermercado, que lavo los trastes, cada vez que escucho una nota de cualquier canción. Hoy, que venía de regreso de casa de la abuela, sentí como nunca el helado vacío del asiento que no ocupas. Quería que me abrazaras, que tuvieras miedo de andar en la calle de noche (como solías ¿recuerdas?), que pusieras tu brazo sobre el mío aunque supieras cuanto me disgustaba, que llegaras a casa a encender la televisión y un cigarrillo.

Hoy quería hablar contigo de algún tema hasta pasada la medianoche, que bebiéramos y bebiéramos café hasta que el trabajo nos obligara a ir a dormir. Hoy quería que me dijeras que el dinero no importa, que todo vale la pena por tu madre, por tu hermana, hoy quería que me dijeras que todo saldría bien.

Hoy quería platicar tanto contigo.

2 comentarios:

Kike dijo...

Bienvenido de regreso! y acá seguimos de metiches, sólo por el gusto de seguir con esa tradición humana de pertenecer...

Saludos y ánimo!! ;)

Pesadilla dijo...

gracias!!! sólo por el gusto de pertenecer!!!