Porque ya no se puede soñar

La noche eterniza el momento en que recuerdas, incuba rostros y figuras que, al amanecer, quebrarán la realidad que te rodea.

La cotidianeidad nos corrompe y el único modo de salir de ella es trabajar por recordar; nunca olvidar el pasado para pisar firme en el presente, concientizar que estamos en un sitio prestado y que respiramos aire contaminado, ajeno, construir el futuro basados en el segundo que se aproxima, amenazante.

Tarea ardua abrazar al desencanto, volverlo parte de tu vida y, cuando haya perdido su utilidad, desecharlo, borrar con un paño las huellas digitales que se hallan plasmadas en la piel, en la tinta, en el papel que, nunca olvidarán un rostro sonriente, firme, pleno.

jueves, 8 de mayo de 2008

Noches fructíferas

Mucho tiempo sin escribir, mucho tiempo sin ideas en un orden mínimo para poder ser coherentes, mucha vida en los últimos meses… y ahora, regresa el espacio que parece una muerte momentánea, un escape del mundo y un lugar en el cual sentir cobijo.

Muchos temas por tratar, quizá sea necesario reflexionar un poco más, pero siempre es bueno tenerlos anotados en la pizarra de corcho para no olvidar lo importante, lo no importante, o quizá para olvidarse del juego cotidiano y buscar un mensaje oculto e inherente al alma.

¿Por qué las personas nos vamos degenerando poco a poco? ¿Cuál es el instrumento mental que detona todas nuestras terribles acciones y nos hace cometer actos deplorables? De inicio quiero creer que más allá de que nosotros nos distanciemos de la sensatez y la coherencia, hay un sistema de valores éticos-morales determinado por nuestro espacio socio-cultural, el cual –al irnos quedando pequeño- nos va estigmatizando según los hechos que cometamos. Dicho espacio nos pone por delante una estela de comportamiento “normal” que debemos cumplir (aun en sus propios límites) para ser aceptados dentro de ese espacio en el que convivimos, el problema comienza cuando comenzamos a modificar dicho comportamiento y empezamos a salir de los paradigmas establecidos de manera implícita en tal espacio, es justo ahí cuando, sea para/por bien o para/por mal, comienza la lejanía. El dilema se presenta cuando, en ese círculo al que hemos sido cercanos durante tanto tiempo, tenemos lazos afectivos ya sea con hechos, objetos o personas, el trabajo intelectual y de raciocinio se ve interrumpido por las cuestiones emocionales, tanto así que, aun a disgusto o a ser sujeto de estigmatización, continuamos dentro de aquel espacio que ahora, intelectualmente, nos parece tan lejano.

Es entonces, cuando hallamos esta discordancia entre los dos elementos –casi-esenciales que mantienen nuestra vida social, que las relaciones se distorsionan y rompen la barrera que separa una materia –la intelectual- de la otra- la racional- y somos sujetos absolutos al escarnio público y a la crítica personalizada y destructiva. Cuando las discusiones se vuelven individuales (materia emocional) y ya no es posible discutir temas sujetos a posturas no personales, el comportamiento se deforma y la mente va hallando sistemas de autodefensa, propiciados claro por el desarrollo cultural de cada espacio, mentiras, verdades a medias, silencios, gritos, cualquier herramienta es buena para combatir el terrible hallazgo de ya no pertenecer a un círculo y que lo único que te mantiene atado a él es un lazo afectivo, noticia aún más terrible cuando las batallas comienzan a librarse entre dos “individuos” y ya no conceptos.

¿De verdad nos degeneramos? ¿De verdad cometemos actos deplorables? Quizá lo único que sucede es que, al modificarse nuestra escala de valores éticos-morales, el sentimiento de pertenencia se borra, y esa delgada línea emocional que nos ata al espacio es sólo un estorbo para continuar al siguiente momento; tampoco quiero sonar aquí como un despiadado sin emociones, pero lo que motiva esta reflexión es eso, el observar cómo una lucha entre la razón y la emoción pueden destruir la psique humana. Por otra parte nos damos cuenta poco a poco que hay espacio para cualquier tipo de modelo ético y que para pertenecer al que uno prefiera sólo basta hacer una mínima investigación sobre los demás espacios sociales que pululan en el ambiente, por los lazos afectivos no hay porque preocuparse porque así como el elemento sentimental va estorbando para seguir avanzando en la lucha intelectual, después de la correcta adecuación a un espacio –con pretexto de la distinción- los lazos afectivos se presentarán inevitablemente, las personas estamos condenada a vivir eternamente a caballo entre estos dos síntomas tan humanos, dos elementos formados de materias radicalmente distintas pero que, a pesar de las súplicas, conforman una unidad que se lla “individuo”

2 comentarios:

Cicuta drinker dijo...

MM... vaya al bar, cabellero, hace rato que no lo veo. Mucho sin escribir.eso es cierto. Créame..entiendo como se siente.

Nostálgica Anónima dijo...

No sé que decir. Sí, también he estado entre la razón y las emociones, en le campo de batalla. Nos entrenaron (desde pequeños) a priorizar una sobre otra, y, como tú bien dices, esa tensión puede destruír la psique humana.

Je, iba a decir que es cuestión de equilibrar. Pero hay etapas en que uno tiene que vivir el caos, en serio, para poder saber que rumbos (si es que hay rumbos) tomar después, ya, con esa experiencia.

Saludos varios!