Porque ya no se puede soñar

La noche eterniza el momento en que recuerdas, incuba rostros y figuras que, al amanecer, quebrarán la realidad que te rodea.

La cotidianeidad nos corrompe y el único modo de salir de ella es trabajar por recordar; nunca olvidar el pasado para pisar firme en el presente, concientizar que estamos en un sitio prestado y que respiramos aire contaminado, ajeno, construir el futuro basados en el segundo que se aproxima, amenazante.

Tarea ardua abrazar al desencanto, volverlo parte de tu vida y, cuando haya perdido su utilidad, desecharlo, borrar con un paño las huellas digitales que se hallan plasmadas en la piel, en la tinta, en el papel que, nunca olvidarán un rostro sonriente, firme, pleno.

jueves, 5 de junio de 2008

Y regresa

Y la princesita amenzaba regresar, y entonces el sapito no sabía que hacer, y la princesita sólo hacía crecer la esperanza, y el sapito no sabía que hacer, y la princesa regresó, y el sapito no sabía que hacer, y la princesita (oh destino sorprendente) se volvió a ir, y el sapito (después de azotar su cabeza en la pared por estúpido) se mató.

Pinche sapito tan pendejo

3 comentarios:

fer dijo...

asi sucede con los humanos jejeje
saludos

Princesa Estelar dijo...

La historia de ese sapo y esa princesa me recuerda a alguien familiar...
mmm, sólo que con los papeles invertidos.

Un beso!

Fantasía dijo...

¿Por qué me parece tan conocida esta historia?
...¿Será que así de tontos son todos los sapos? Incapaces de ver lo que tienen en frente se percatan de su existencia cuando ya no está, cuando ya es tarde y el daño está hecho.